MANIFIESTO ESTATAL
Este manifiesto nace con voluntad de cambiar, de abrir camino, de poner encima de la mesa todo aquello que no se puede seguir obviando. Hablamos de leyes, de condiciones laborales, de dignidad para la infancia y sus profesionales, pero también de transformación educativa. Porque el 0-3 tiene que dejar de ser el gran olvidado. Analizamos los modelos de gestión, las competencias administrativas y las carencias estructurales que hay que resolver con urgencia, para garantizar los derechos de los más pequeños y pequeñas. Pero sobre todo hacemos hincapié en aquello que puede cambiar todo, que es una inversión pública real y sostenida, y un reconocimiento profundo que sitúe a la infancia cómo una prioridad colectiva. Hablaremos desde una mirada feminista e inclusiva, centrada en las necesidades de las criaturas desde el primer día. Porque creemos que otra educación es posible y empieza antes de dar los primeros pasos.
La etapa invisibilizada
La etapa de 0 a 3 años sigue siendo la gran olvidada de nuestro sistema educativo, a menudo relegada a un segundo plano o considerada un mero servicio de conciliación. La educación infantil en esta franja de edad es, en realidad, un pilar fundamental en el desarrollo de las personas. No se trata solo de cuidados, ni de guardar a la más tierna infancia: hablamos de vínculos, aprendizajes, bienestar y derechos. Estamos creando las bases para los futuros aprendizajes y no solo hablamos de los académicos sino de la propia vida. Y no es una opinión; es un hecho reconocido en la LOMLOE: el artículo 14 establece que el primer ciclo de educación infantil, de 0 a 3 años, tiene “carácter educativo” y debe desarrollarse a través de una “propuesta pedagógica” con principios y fines propios. Lo que implica que esta etapa no se limita a la atención básica, sino que, apuesta por un acompañamiento respetuoso, por el juego, la autonomía, la expresión y el vínculo afectivo como bases del desarrollo. Sin embargo, las profesionales que sostenemos este ciclo seguimos invisibilizadas, con condiciones laborales precarias y escaso reconocimiento social. Esta es una realidad que no podemos seguir aceptando.
Las profesionales del 0-3: un pilar invisible y precarizado
“Si la infancia de 0 a 3 años es una etapa esencial, ¿por qué quienes la acompañan siguen trabajando en condiciones precarias y sin reconocimiento? Las educadoras de educación infantil son las encargadas de crear espacios seguros, ricos en estímulos y afectos, donde las criaturas puedan desarrollarse. Su labor exige formación, sensibilidad, mirada atenta y compromiso. Sin embargo, sus sueldos apenas superan el salario mínimo, las jornadas son extenuantes y las ratios excesivas dificultan ofrecer la atención que cada criatura merece.
Además, las escuelas infantiles funcionan gracias al trabajo indispensable del personal de limpieza y cocina. Profesionales que también cuidan, garantizando un entorno seguro, saludable y acogedor. Sin ellas, el día a día en una escuela infantil sería inviable.
Demasiado a menudo se nos apela a la vocación para justificar el abandono de las administraciones públicas hacia nuestro sector. Como si amar nuestro trabajo fuera excusa para precarizarlo. Pero la vocación no paga las facturas ni compensa la sobrecarga ni sustituye a unas condiciones laborales dignas.
Reivindicar salarios justos, ratios adecuadas y reconocimiento profesional no es solo una demanda legítima: es una necesidad para garantizar la calidad de la educación infantil y el derecho de la infancia a estar bien acompañada.”
Los cuidados cómo eje principal
Defendemos con convicción que el ciclo 0-3 es un período esencial en la vida, una etapa rica y llena de significado que une educación y cuidados, y que tiene un impacto directo en el bienestar de las criaturas y de sus familias, por tanto, de toda la sociedad. Los cuidados son el eje que sostiene nuestra sociedad. Hablamos de presencia, respeto, higiene, alimentación, sueño, valores, relaciones sociales, límites… todo esto es necesario para poder ser y estar, y para vivir de manera armónica en esta sociedad. Una sociedad que cuida a los más pequeños y pequeñas, cuida de las familias y de sus profesionales.
Los derechos de la infancia y sus necesidades en el centro de las políticas educativas y sociales
Desde el profundo conocimiento de la infancia y los primeros años de vida, cómo profesionales, ponemos de manifiesto que la visión institucional se encuentra muy alejada de cubrir las necesidades reales y de garantizar un sano desarrollo de las criaturas. Esto es evidente cuando valoramos condiciones como las ratios, los horarios y el argumentario de las políticas educativas, laborales y de conciliación familiar, enfocadas únicamente a separar a las criaturas de sus familias en detrimento de políticas familiares que puedan sostener la crianza en este país. El peso de la conciliación laboral no lo tiene que seguir sosteniendo únicamente la pequeña infancia pasando jornadas eternas que superan las 8 horas dentro de las escuelas infantiles.
Es por esto que son urgentes políticas familiares y educativas que velen por las necesidades de las criaturas de 0-3 años, poniéndolos en el eje central y que permitan a las familias ser libres para decidir cómo quieren criar y organizarse. Las escuelas infantiles, no son aparca criaturas y nosotras, mucho menos, somos meras cuidadoras. Se necesita inversión suficiente e intención política, para poder crear una red pública de escuelas infantiles que garantice el acceso a todas las criaturas, con igualdad de condiciones en todas ellas.
Actualmente, los recursos no están al servicio de las necesidades reales de las familias, sino que son las necesidades las que se están adaptando a los mínimos recursos que las administraciones ponen a su disposición. Eso debe de cambiar urgentemente.
El valor que se merece el 0-3
Este ciclo educativo es el cimiento sobre el cual se construye toda la trayectoria educativa y vital de la persona. Es el motor de cambio, de equidad y de compromiso social. El inicio de la construcción del sujeto, el momento en que las criaturas comienzan a explorar, a vincularse, a crecer emocional y socialmente. Y todo esto no puede quedar relegado ni infra financiado, y mucho menos puede depender de la situación laboral y económica de la familia.
Es una urgencia social. Es entender que los primeros años de vida no son una etapa menor, carente de importancia o un mero trámite antes de empezar la escuela de verdad, sino un momento clave, decisivo y delicado que hay que cuidar y proteger cómo se merece.
El futuro de una sociedad justa y cohesionada empieza por cuidar y educar desde la más tierna infancia.
Universalidad y gratuidad del primer ciclo de infantil
Toda persona desde la primera infancia, tiene derecho a una educación accesible, sin discriminación, de calidad y adaptada a sus necesidades. Derecho reconocido internacionalmente en el Artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).
Todas las familias deberían poder escoger libremente llevar a sus hijos e hijas sin ningún obstáculo y mucho menos el económico. La educación infantil 0-3 no puede ser un privilegio al alcance del que se lo pueda permitir, o el que tiene la suerte de que le den una plaza pública.
Denunciamos con fuerza que se han dejado perder millones de euros de fondos europeos que hubieran podido crear más escuelas infantiles públicas e impulsar de manera significativa la escolarización de este ciclo. Necesitamos urgentemente una apuesta valiente, decidida y coherente para hacer del 0-3 una prioridad real y efectiva.
Educación inclusiva pero real
Es urgente atender la diversidad del alumnado, teniendo en cuenta sus necesidades individuales y específicas de cada uno de ellos. Para hacerlo con calidad, y poder garantizar el desarrollo de cada una de las criaturas, es necesario dotar de las medidas, los recursos y apoyos suficientes. Es necesario un equipo más amplio y heterogéneo, profesionales formados y especializados en la diversidad que trabajen de forma coordinada con el equipo educativo, y que permita la detección, evaluación y atención temprana cuando sea necesario. Las familias no pueden depender de servicios externos o de intervenciones puntuales: tienen que formar parte del proyecto educativo, del día a día de la escuela. Este ciclo educativo requiere reforzar los equipos de atención temprana para que su labor no sea meramente burocrática, sino que sea real y puedan llevar a cabo sus funciones preventivas tan importantes para evitar posibles complicaciones en el desarrollo del menor. Sin esto no habrá manera de construir un sistema educativo verdaderamente inclusivo desde el primer día y que atienda a las necesidades reales de la infancia.
Las ratios nuestra peor lacra y la de la infancia invisibilizada
Revisar las ratios que tenemos en nuestro país, no es una opción, es una urgencia. Las ratios que manejamos ponen en riesgo la atención a las criaturas y es una forma de violencia institucional que se ejerce contra ellas.
Tenemos las ratios más elevadas de la Unión Europea, esto no solo se traduce en falta de calidad educativa, sino también en un desprecio institucional a un ciclo fundamental en la vida de las personas. Es imposible vincular y realizar unos cuidados de calidad con el número de criaturas que hay en las aulas, mucho menos realizar un acompañamiento familiar y preventivo sobre el sano desarrollo del bebé. No podemos continuar normalizando situaciones que impiden ofrecer unos cuidados de calidad y un acompañamiento emocional y educativo acorde a las necesidades de la primera infancia.
Recursos y espacios
La infrafinanciación y la precariedad que atraviesan la educación pública, es más acuciante en este primer ciclo con licitaciones y pliegos de contratación que priorizan el coste económico por encima de la calidad educativa y unas condiciones laborales indignas, que generan desgaste e inestabilidad entre las personas que trabajamos y las criaturas. Se debe de garantizar una dotación económica suficiente para la adquisición de material pedagógico de calidad, ajustado a la etapa y al proyecto, así como un mantenimiento continuado y riguroso de los edificios y las equipaciones, velando por la seguridad, la salud y el bienestar. Actualizar la normativa teniendo en cuenta el cambio climático, y las situaciones extremas de calor y frío.
Sector feminizado, sector precarizado
El primer ciclo de infantil, es un sector claramente feminizado, el 97% somos mujeres que realizamos un trabajo imprescindible que está invisibilizado y poco valorado. Esta falta de valor a los cuidados y a la infancia en este país, no puede ser excusa para mantener una infrafinanción crónica, ni para perpetuar condiciones laborales precarias y salarios insuficientes que no son acordes con el precio del coste de la vida en la actualidad.
Es imprescindible que las administraciones reconozcan esta realidad y hagan una inversión suficiente y sostenible para dignificar un sector que sostiene el futuro de la sociedad. Invertir en un sector tan feminizado es, además una cuestión de justicia social y de igualdad de género, es combatir la desigualdad y la discriminación estructural que sufrimos todas las mujeres en el entorno laboral.
Exigimos un compromiso firme y presupuestos que reflejen la labor de las mujeres en los ámbitos del cuidado y de la educación infantil.
Garantizar las condiciones y la salud laboral de las trabajadoras
Las duras condiciones que soportamos diariamente: ratios abusivas, falta de personal, posturas y movimientos forzados y repetitivos, las condiciones emocionales que entran en juego y un largo etcétera, hace que cada día nuestro trabajo sea más insostenible. Las administraciones públicas han de responsabilizarse de la salud mental y física de sus trabajadoras garantizando la jubilación anticipada y el reconocimiento de las patologías derivadas del ejercicio de sus funciones cómo enfermedades profesionales. Cada día son más las bajas por la falta de cuidado de las condiciones de trabajo, el sobreesfuerzo y el agotamiento. Sin contar que estas bajas no son cubiertas en tiempo y forma, agotando al resto del personal y llevando a la extenuación al equipo educativo.
Nuestro principal enemigo: los modelos de gestión
El gobierno central ha eludido durante demasiado tiempo su responsabilidad económica y de gestión en relación con los centros educativos de 0-3 años. Esta falta de compromiso ha dejado en manos de las administraciones de las comunidades autonómicas y locales, la gestión y financiación de estos servicios llevándonos a la externalización de la mayor parte de escuelas infantiles con la precariedad, diferencia de condiciones y falta de calidad educativa que conlleva. La situación actual, con una gestión fragmentada por comunidades, ayuntamientos y la mayor parte de ellas en manos de empresas privadas, es insostenible e injusta tanto para sus trabajadoras, cómo para la infancia. Creemos que la unificación y centralización de la gestión del 0-3 en manos del Ministerio de Educación permitiría garantizar una igualdad real para familias, criaturas y profesionales.
Hay que revisar y adaptar el marco normativo puesto que el actual decreto no se ajusta a la realidad ni a las necesidades del 0-3. Queremos cambios normativos liderados por expertos en la infancia, que termine con la gestión dispersa y las desigualdades que actualmente existen, para poder construir un modelo público, fuerte, inclusivo y digno que ponga a la infancia como eje central sin importar la comunidad autónoma o el municipio donde vivan.
Es por todo lo anteriormente expuesto, que reivindicamos y exigimos a las administraciones públicas que se hagan cargo de los derechos de la infancia y de las familias, siguiendo las directrices de la Unión Europea y que creen más plazas públicas que garanticen el acceso y el sano desarrollo del menor. Pero no a costa de la precariedad laboral de sus trabajadoras y de sus familias. La solución no consiste en la privatización del servicio, pasa por una mayor inversión que ponga en valor la importancia de este ciclo educativo y le dote de los recursos tanto materiales como humanos.
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Se deben adecuar las ratios actuales a las recomendaciones de la Comisión Europea de Atención a la Infancia (4 criaturas entre 0-1 año, 6 entre 1-2 años, y 8 entre 2-3 años por educadora)
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Que las escuelas tengan proyectos educativos y una propuesta pedagógica en constante revisión y mejora, y no huecos en otros centros educativos donde se meten con calzador a las criaturas sin ningún sentido y ningún porqué, sin recursos y sin personal formado especialista en 0-3 años.
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Equipos de profesionales estables que puedan acompañar a las criaturas y familias en el proceso de aprendizaje, desarrollo y crianza respetuosa. Esto pasa por dar estabilidad a la plantilla y mejores condiciones para evitar la fuga de cerebros que estamos viviendo hoy en día.
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Disponer de espacios adecuados y suficientes. Espacios acogedores que permitan desdobles, zonas diferenciadas de alimentación, higiene y descanso. Espacios que no limiten el bienestar ni el desarrollo de las criaturas, con un adecuado mantenimiento y restauración. Espacios exteriores de uso exclusivo, ricos y naturales que permitan experimentar con el entorno natural. Espacios en condiciones seguras y aclimatadas cómo es debido.
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Más tiempo no lectivo dentro de la jornada laboral para poder apostar por una calidad educativa. Que permita preparar materiales, salas, propuestas y poder mantener una relación con las familias cercanas y personales para el seguimiento del proceso de aprendizaje de sus hijas e hijos.
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Una mayor intervención en horas semanales de los Equipos de Atención Temprana para poder cubrir las necesidades educativas específicas y así realizar las labores preventivas necesarias para garantizar el sano desarrollo de todas las criaturas y el asesoramiento a sus familias.
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Regular todos los servicios públicos de atención a la primera infancia (de 0-3 años) bajo una misma normativa con las mismas exigencias pedagógicas, de seguridad, técnicas y estándares de calidad.
Esta es nuestra lucha, 0-3 también existe y nos van a tener que escuchar.

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